lunes, 29 de junio de 2009

Capítulo 2 - Debía consultarlo con amigas

Cuando no tengo idea de qué hacer, acudo a ellas, a mis irremplazables amigas. Son geniales, las mejores, no puedo pedir más nada. No les falta nada.

Bueno, si, algo más puedo pedir. Que me digan qué hacer, aunque sé que de ello me debo encargar yo. Ellas tratan de qyudarme. Aunque son todas ideas distintas, opiniones personlaes y diferentes.


Unas me dijeron que se lo diga de frente, cara a cara, sin vueltas ni vergüenzas, pero creo que no soy capáz de hacerlo, no me da el rostro, después de haberle confesado, no podré decirle ni ''hola''. Otras, en cambio, me dicen que trate de ser obvia. Esta última es la que yo intento realizar, pero no descubro si él se da cuanta, si lo nota, si lo sabe o no.

Incluso me aconsejaron que, en alguno de esos días en los que lo veo, le envíe una nota que diga que me parece bonito, lindo.


No llevo a cabo ninguna de las opciones en las que debería decirle por el hecho de no saber si le gusto. No llevo a cabo ninguna de las opciones en las que tendría que decirle porque no sé si le gusta mi pelo castaño, oscuro, muy distinto al color de sus cabellos. No sé si le gustarán mis ojos, que, por muy negros que parezcan, o que yo los vea, son marrones, probablemente unos de los más oscuros que he visto.


En fin, no sé si yo le gusto, si le parezco linda, no sé si le debo decir que me gusta, no lo sé.

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